Arañas, paranoias y las aventuras de Gabriel Medina

por chuchoqmp

Esta reseña fue publicada originalmente en el periódico interno del 12º Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de MéxicoMacabro 2013.

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Conocí al realizador argentino Gabriel Medina durante el último FICCO, en 2009. Antes siquiera de haber visto su película en competencia, circulaban entre el staff del festival comentarios acerca del tremendo parecido (tanto físico como en comportamiento) del personaje interpretado por Daniel Hendler con la desfachatez despeinada del propio director. Gabriel Medina y Luciano Gauna, creador y personaje, se ven agobiados ante la noticia de que alguien se robó sus retraídas personalidades y sus respectivos nombres para introducirlos a una ficción de la cual no pidieron formar parte. En efecto, la transformación del gran Daniel Hendler en aquella aleación de Luciano y Gabriel es indispensable/inolvidable, tanto como la apabullante interpretación de Martín Piroyansky en La Araña Vampiro, la nueva aventura de Gabriel Medina. Este nuevo personaje es capaz de hacernos olvidar al Martín Piroyansky jocoso, adorable y un poco friki que nos hemos topado en varias películas argentinas contemporáneas, así como en su momento el Hendler de Los Paranoicos dejó de ser aquel galanazo seductor y arrogante sobre el cual el actor había construido su carrera para transformarse en una porción de hombre, paranoico, nervioso y sudoroso. Y es que si debiera escoger un elemento a mencionar de entre todas las características que hacen de Gabriel Medina uno de los grandes cineastas de su generación, es la capacidad de romper con las expectativas actorales que se tienen hacia sus elecciones de casting: tomar un actor reconocido y empujarlo a sus límites interpretativos, regalándole el papel de toda una vida.

Probablemente el cuidado que tiene Medina al dirigir a sus actores provenga de los elementos autobiográficos en sus historias: tanto Hendler como Piroyansky interpretan a alter-egos de su director, si bien están lejos de abordar el mismo personaje. Esta costumbre confesional no se trata de armar un serial con Las Aventuras de Gabriel Medina, interpretado por distintos actores y en distintas situaciones, sino que nos enfrenta a distintas capas y texturas de la misma persona, cada película es un nuevo exorcismo, una nueva oportunidad de explorar un lugar oscuro de sí mismo, siempre un nuevo paranoico, un nuevo aracnofóbico. Lo hipnótico de estos personajes es que, a pesar de su incapacidad de relacionarse con el medio que los rodea, su aparente parálisis social y emocional, no están muertos ni estáticos: Luciano Gauna se resistía a evolucionar, tal vez lo hacía un poco de mala gana, pero el prospecto de un amor ideal lo empujó hasta un climático abrazo final, y ahora es Jerónimo, con todo y sus ataques de pánico y la inexistente relación con su padre, quien no se deja morir y reúne fuerzas ni-él-mismo-sabe-de-dónde, para buscar la cura a la mortal picadura de la araña vampiro. ¿Qué empuja a Gabriel Medina y a sus personajes a salir del hoyo que ellos mismos trazan/cavan a su alrededor? ¿Por qué buscar la redención y la esperanza cuando se está tan cómodo en la ennui constante, en el aislamiento emocional? “¿Te querés quedar solo, Luciano?”, pregunta Jazmín Stuart en la ópera prima de Medina. El terror en La Araña Vampiro es primigenio, humano: el miedo a la muerte, a la montaña, a la búsqueda infructífera por la cura al veneno que acabará matándonos. Jerónimo está solo ante la naturaleza, acompañado únicamente de su guía borracho e inestable (un Jorge Sesán que por momentos le roba la película a Piroyansky), un hombre que ve monstruos en las sombras que aparecen de noche y que Jerónimo es el único que puede ahuyentar. ¿Ese es el destino de Jerónimo si continúa encerrado en sí mismo? ¿Es eso a lo que le tiene tanto miedo? ¿A quedarse solo? Probablemente para Gabriel Medina y sus alter-egos esa sea la amenaza que los hace paranoicos, el veneno que les chupa la sangre de a poquito, la muerte más aterradora: la soledad.

Chucho E. Quintero, realizador mexicano.

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