De la espiral de decadencia, severa depresión, pérdida de dignidad y eventual redención de Adam Sandler

por chuchoqmp

Seré breve.

Adam Sandler y Jim Carrey son dos personas a las que les puedo perdonar prácticamente cualquier ofensa cinematográfica que se les ocurra. Por ejemplo, ni siquiera me había enterado que Little Nicky era una mala película sino hasta muchos años después. Cuando tenía 10 años parecía la mejor película del mundo. Me pasó lo mismo con Godzilla, pero eso se los cuento después.

Digamos que, tras años de estudio y análisis, la filmografía de Adam Sandler puede dividirse en las siguientes categorías:

  • Ingenuidades inofensivas y bobísimas con obligado humor escatológico o vulgar que, sin embargo, siempre se redimen con algún elemento esperanzador/tierno/emotivo al final. Por ejemplo, las clásicas Happy Gilmore, Billy Madison, The Waterboy o Big Daddy.

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  • Conceptos aparentemente complicados que terminan sin alcanzar las expectativas planteadas por su probablemente ‘interesante’ premisa y recurren al tipo de humor más simple y/o vulgar para ser rescatadas. Por ejemplo, You don’t mess with the Zohan, The Longest Yard o Anger Management.

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  • Comedias románticas diseñadas para que el novio/pretendiente pueda llevar a su chica y ambos queden satisfechos por las dosis equilibradas de humor escatológico/vulgar y cursilería barata pero efectiva con resultados más o menos dignos, mínimo más dignos que otras áreas del humor Sandleriano. Por ejemplo, 50 First Dates y la ahora clásica The Wedding Singer.

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  • Vagos intentos por alcanzar la seriedad agridulce/dramática de otros rivales del género como Jim Carrey que, sin embargo, resultan catastróficamente forzadas. Por ejemplo, Spanglish, Click (que en realidad cabe en todas las clasificaciones) y hasta Reign Over Me.

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  • Intentos logradísimos de introspección amarga gracias a la guía de un gran director que sabe cómo controlar las habilidades y debilidades del susodicho. Básicamente Punch-Drunk Love de PTA, Funny People de Apatow y párale de contar.

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  • Aquellas que resultan tan ofensivas, grotescas, innecesarias, ilógicas, deprimentes, degradantes, imbéciles, intolerantes, humillantes y aburridas que no merecen el mínimo esfuerzo que les imprime Sandler. Hasta este momento sólo contábamos con el tristísimo ejemplo de la película más homofóbica de la Historia del Cine, I now pronounce you Chuck & Larry pero todo parece indicar que Sandler busca superarse esta década, y el año pasado lo logró… y bien logrado.

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¿No me creen?

Queda con ustedes… That’s My Boy.

(No sé dónde colocar a Little Nicky porque, siendo mi película Sandleriana favorita sin contar las de PTA y Apatow, no puedo ser tan objetivo, sobre todo porque creo que va de la mano con You don’t mess with the Zohan que, ¿a quién engaño? También me encanta, aunque sé que no son muy brillantes que digamos)

Había oído mucho de las últimas dos películas de Adam Sandler. A principios de 2012, hizo historia al lograr que Jack and Jill obtuviera una nominación (o más) y ganara en TODAS las categorías de los Razzie Awards a lo peor del 2011. Hazaña un tanto forzada, considerando que para lograr esto, los Razzies la nominaron a Peor Remake/Rip-Off declarándola un refrito de Glen Or Glenda, cosa nada real.

Me llenaba de curiosidad saber si en verdad eran tan malas como todo mundo decía porque, aunque entiendo que sus películas no se lucen por inteligentes, la neta es que nunca me ha parecido que Adam Sandler sea tan malo y me la paso muy bien viendo lo que hace. Es verdad que prefiero infinitamente a Jim Carrey y que en la última década Sandler ni me atrae ni me interesa, sobre todo porque ha ido de mal en peor con películas cada vez más grotescas e innecesarias, pero en su momento fue un grande y todavía quedan rastrojos de su grandeza regados por ahí. Nomás vean Funny People, aunque tal vez deberíamos pretender que ni esa ni Punch-Drunk Love existen, al menos en este texto.

Por cierto, esta reseña está patrocinada por Budweiser.

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Decidí comenzar por That’s My Boy (2012) porque, por la sinopsis, Andy Samberg y el hecho de que sonaba a una película que me hubiera gustado ver con mi papá. Además, Jack and Jill (2011) sonaba extremadamente peor Eugenio Derbez y quería retrasar la hora de verla lo más posible.

Grave error.

Resulta que, a todos los que pensaban que no podría existir nada peor que Jack and Jill, Sandler les mienta la madre feliz de la vida con su obra cumbre de lo deplorable.

Podría iniciar con una letanía de insultos (algunos más clever que otros) y argumentos para confirmar lo que todos ya saben sin necesidad de haberla visto, pero prefiero concentrarme en la ofensa más grande: es MUY aburrida. Estoy seguro de que me reí más en Después de Lucía. Lo juro. ¡Cielos! Seguramente Schindler’s List tiene más carcajadas para toda la familia que esta película captura audiovisual.

Lo aburrido hace que todo lo ofensivo/intolerante/políticamente incorrecto/sucio resalte de la peor manera. Digan lo que quieran de South Park, Family Guy, Lisa Lampanelli, el humor de Ricky Gervais o las películas del mismo Sandler durante los 90, pero si funcionan es porque, antes de ofender, se preocupan por ser graciosas. Humor bobo o inteligente, pero buen humor. Efectivo. Durante los 116 minutos de That’s My Boy (¿NETO? ¿NEEETO? ¿2 HORAS?), ningún chiste pega, ningún gag funciona y ningún insulto provoca nada más allá de un fruncimiento de boca.

–Is that back? –Not really.

De los más básicos como recurrir a toda una eterna larga secuencia de Wazzzuuuppp! (recuerden que esta reseña está patrocinada por Budweiser) a la que Sandler sobrevive con un MÁTENME tatuado en las pupilas, hasta recurrir al [SPOILER, AUNQUE SEGURAMENTE NO TE IMPORTA] incesto como plotpointtwist o lo que sea. Como Deus Ex Machina incluso. Lo que nos lleva a la primera gran quote de la película.

“Adultery is bad, but incest… is FUUUUUCKED UP!”

Suprema.

Es probable que parte del problema haya sido haberla visto después de ver Funny People dos veces seguidas (larga historia) porque hace resaltar el hecho de que That’s My Boy suena exactamente a las películas genéricas/taquilleras que hace el personaje de Sandler en la obra cumbre de Apatow: Re-Do, Merman, The Champion, etc. Películas que suenan como la estupidez más grande que a alguien se le podría ocurrir, que en el contexto de la película te hacen reír porque piensas “¡No mames! ¿A quién se le ocurriría hacer ESA película?” – noción que te cae de madrazo cuando a los cinco minutos de que empieza That’s My Boy te das cuenta que estás viendo ESA película. Una película que George Simmons (un personaje basado en Sandler) rechazaría. Pero ahí está Adam Sandler, de carne y hueso, haciéndola. Con una gran tristeza en los ojos.

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Todos esperamos con miedo ansias que Adam Sandler protagoniza Re-Do en 2015.

Y peor tantito: una de esas películas de George Simmons literal se cuela a esta. Aquella en la que George entraba a una competencia de comer hot-dogs para recuperar a su esposa, se recicla bizarramente y el destino de Donny depende de que un gordo gane una carrera. See where this is going? Curioso que haya visto el comentario de Apatow en Funny People unas horas antes porque él mismo lo dice: la idea de una comedia sobre comer hot-dogs competitivamente ha circulado Hollywood por AÑOS. Y aquí Sandler la usa como Deus Ex Machina nomás porque puede y porque alguien tenía que hacerlo.

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Si lo aburrido no te aleja de la película, ¿qué tal el hecho de que para ‘sacar risas’ recurren a la homofobia, la misoginia, la pederastia justificada como plotpoint importantísimo, Leighton Meester lamiendo semen, incesto (es neto) y violencia contra la mujer como ‘final feliz’?

Y con un “Sé que no le debería pegar a las chicas pero esta se lo merecía…” todo se resuelve.

Wow.

Creo que debo insistir con esto:

¡Yaaayyy, pederastia! 

Pero bueno, equis. Gasto demasiada energía desvelándome mientras escribo esto y la película es tan mala que no se merece nuestra atención. Si acaso para deprimirnos ante lo bajo que cae Susan Sarandon al participar en una escena (¡Mínimo!) como la versión crecida del papel que hace su hija Eva Amurri (¿Qué le pasó?) en la primera parte de la película.

La habilidad de Adam Sandler para atraer a actores consagrados y personalidades solemnes a sus películas ha tenido momentos gloriosos como la legendaria pelea entre Happy Gilmore y Bob Barker. Pero últimamente, mientras sus películas caen en terrenos cada vez más tenebrosos, las ‘estrellas’ que aceptan ser víctimas de los guionistas de Sandler se ven cada vez más desesperadas por trabajo, dinero, atención o capturar al fan veinteañero promedio que no los conoce.

Si la pareja Sarandon/Amurri parecen caer bajo al aceptar participar en That’s My Boy, ¡ni se imaginan cómo se ve el pobre de Al Pacino en Jack and Jill!

En vez de gastar saliva explicando lo triste que es ver a Pacino revolcarse en cuanta mierda le ponen enfrente, dejaré que este bonito clip lo ilustre mejor:

“Burn this…”

Y como bien dicen los siempre bien ponderados usuarios de YouTube: el “This must never be seen… by anyone…” aplica épicamente a la participación de Pacino en Jack and Jill y seguramente esa conversación sí ocurrió.

Tomemos un momento para temer por la salud mental carrera de Johnny Depp.

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Sí, ese es un still de Jack and Jill y sí, ese es Johnny Depp con una playera de Justin Bieber.

Pero bueno, a pesar de lo patético que es el personaje de Al Pacino y de lo tontérrimo del guión de Jack and Jill, resulta que la película no es TAN mala como todo mundo dice. En todo caso, los Razzies se adelantaron a hacerla pedazos con 10 premios cuando That’s My Boy es infinitamente peor que la otra pobre. El hecho de que sea una comedia ‘familiar’ PG-13 limita el rango de asquerosidades a los que pueden recurrir Sandler y su equipo (y que conste que crecí viendo las asquerosidades de Little Nicky) y se va más al espectro de lo silly, por lo que, si se está en el humor correcto, la película resulta… graciosa. Mínimo cagada. ¡A mí me dio risa, chingá! No siempre, y no la justifica de ser péeesima, pero a veces uno no puede evitar reír de las tonterías que ocurren en pantalla. Otra diferencia con That’s My Boy es que, al contrario de aquella, aquí hay personajes simpáticos, como el hijo adoptado de Sandler y Katie Holmes, que se roba la película. O que, ¿quién creen? Eugenio Derbez. Sí, sí, lo sé. No planeo defenderlo ni nada, pero su participación se siente más en sintonía con lo que hacía en los 90 (¿Recuerdan cuando Derbez era gracioso?) que a las últimas patadas de ahogado de sus ‘series’ y películas. Y en una de las escenas más logradas en cuanto a ritmo, humor y timing, Derbez le da una mini-cátedra a Sandler sobre cómo ser efectivo debajo del maquillaje: en sus dos minutos como la abuela de Felipe, se nota más comprometido y gracioso que Sandler como ‘Jill’ en toda la película.

Y todo al ritmo de Nortec.

Como pueden apreciar, no es ningún clásico de la comedia y seguramente si lo volviera a ver no me daría tanta risa no que planee volver a verla pero funciona. Es cagada, inofensiva y tonta-tontísima. Sí, el product placement es patético (la mitad de la película sucede en un crucero Royal Caribbean, for some reason) y el guión alarga un solo chiste (“Ja, ja, mira: Adam Sandler es Adam Sandler… ¡y su hermana gemela! ¡Juar, juar!”) hasta el infinito. En pocas palabras, la película es muy mala, pero mientras que That’s My Boy tortura a quien la vea, sin importar si está acostumbrado o no al sentido del humor de Sandler, Jack and Jill no molesta con su existencia y puede pasar desapercibida fácilmente. Estoy dispuesto a aceptar que es una de esas ocasiones en que los críticos exageran, como si no tuvieran nada mejor qué hacer.

En este punto, me gustaría cerrar con un final esperanzador en el que concluyeramos que la carrera de Sandler tocó fondo y a partir de ahora buscará ganarse al público que ha alejado con las porquerías de los últimos años, que ya aprendió su lección y que se seguirá juntando con su amigo Judd Apatow para volver al trono de la Comedia que le pertenece… pero los $149,673,788 dólares en taquilla de Jack and Jill podrían interferir con esto. (Mientras que, gracias a Dios, That’s My Boy fue un rotundo fracaso y se quedó a 20 millones de recuperar su presupuesto) Aunque si siguiera dentro de su línea PG-13 boba, no me molestaría tanto, pensando que por cada 10 de sus películas malas, hay un Punch-Drunk Love o un Funny People. ¡Vamos! Hasta un Spanglish aceptaría en estos momentos.

Then again…

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PELÍCULAS #32 y #33 EN MI MARATÓN VACACIONAL

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RESUMEN: Si cada que veías una película de Adam Sandler pensabas, “Chale, ¡qué mala es! ¡Es la peor que ha hecho!” prepárate para toparte con That’s My Boy. Oficialmente, la peor película del año. Y procura ignorar la mala fama de Jack and Jill porque es tan inofensiva como otras tantas porquerías que ha hecho Sandler.

LO MEJOR: Que quien se haya enterado que Milo Ventimiglia salía desnudo (en un papel probablemente aceptado al borde de una profunda depresión clínica), no tiene que echarse That’s My Boy completa porque Internet ya hizo su trabajo.

El trabajo de Rohan Chand en Jack and Jill es prometedor. Esperemos que le vaya bien. Ya hasta salió en Homeland.

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LO PEOR: Que le haya ido peor con la crítica a Jack and Jill que a That’s My Boy, aunque se agradece que esta última haya perdido dinero en vez de ganarlo. Y que en México se haya buscado promocionar a Jack and Jill como una película en la que Eugenio Derbez era la estrella y el orgullo nacional. Aparece en 4 escenas. Que se sienta durante todo That’s My Boy que Adam Sandler no se la está pasando nada bien. Y el humor basado en la pederastia, la misoginia y el incesto.

ESCENA(S) MEMORABLE(S): El picnic de la familia de Felipe en Jack and Jill, al ritmo de Nortec, el cual pueden ver unos párrafos más arriba. ¿Y en That’s My Boy? Las nalgas de Milo Ventimiglia N/A

MI CUADRO FAVORITO: N/A

Pero esto me produjo algo de curiosidad. Alabada sea la falta de creatividad.

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Aunque esos kleenex contienen fluídos distintos en cada película. Ejem, ejem.

CALIFICACIÓN OBJETIVA: Un benevolente 2 para That’s My Boy porque a veces, por unos cuantos segundos, Andy Samberg intenta rescatarla. Y supongo que por Milo Ventimiglia… no, la neta ni eso. Y un merecido 6 para Jack and Jill por las dos, tres carcajadas que me hizo soltar.

CALIFICACIÓN SUBJETIVA: La única razón por la que no me arrepiento de las horas que perdí viendo That’s My Boy es porque ahora puedo destrozarla con confianza. Y aunque me haya reído, jamás volvería a ver Jack and Jill.

QUIÉN DEBE VERLA: De preferencia, nadie. Recomiéndale That’s My Boy a tu peor enemigo y Jack and Jill a tu papá.

¿DÓNDE PUEDO VERLA? No me hagan contestar esa pregunta.

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